Zulma Bolívar: “Afuera vamos bien, adentro no tanto”; por Cheo Carvajal #CCS450

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Publicadfo por: prodavinci.com

Habla con pasión, incluso con vehemencia. Es urbanista de la Universidad Simón Bolívar desde 1982, con maestría de Diseño Urbano de la Universidad Central de Venezuela y especializada en Gestión de Desarrollo Local en Granada, España, y en Planificación Estratégica Urbana en el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano. Profesora a dedicación exclusiva en el Instituto de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la Central y profesora en otras universidades, de aquí y más allá, en materia urbana y en políticas públicas. Para completar su perfil, es valuadora de bienes inmuebles. Desde diciembre de 2008 preside el Instituto Metropolitano de Urbanismo Taller Caracas de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Desde el piso 25 del Centro Financiero Latino, en la avenida Urdaneta, le ha tocado dirigir y defender el Plan Estratégico Caracas Metropolitana 2020, que por fuerza se alarga al 2030.

—Tienes tiempo echando el cuento de Caracas en otras ciudades. La gente se entusiasma cuando escucha afuera el proceso del concurso de La Carlota. Pero ese cuento aquí se desvanece. ¿Qué pasa?

—Se diluye en conflictos. En junio estuve en el XII Congreso Mundial de Metrópolis, ahí habían unas 700 ciudades, más de 150 alcaldes, unos 50 países representando los cinco continentes, y la única venezolana era yo. Nuestras autoridades electas no participan de estas redes por millones de motivos, empezando por la dificultad de adquisición de divisa extranjera. Los alcaldes son los grandes gerentes y promotores de lo que pueda pasar en sus municipios, los encargados de negociar alianzas estratégicas, financiamientos o asistencia técnica.

En cualquier parte del mundo un alcalde es verdaderamente autónomo y puede tomar decisiones sobre lo que puede hacer en su municipio. Eso no sucede en Venezuela, no sucede en Caracas, donde tenemos al alcalde preso. La premisa es que todos viven en democracia, que respetan las instituciones. Es impensable que tengas una institución que es responsable de lo urbano pero que no tenga presupuesto.

—Es importante consultar con la gente, que tenga posibilidad de tomar decisiones para moldear la ciudad. Está el caso de Las Mercedes, que se está transformando por decisiones institucionales.

—No creo que le hayan preguntado a ningún vecino si estaba de acuerdo.

—Ni a los vecinos, ni a la ciudad.

—Cualquier aumento en la intensidad de desarrollo de una parcela o el cambio de uso de residencial a comercial es un evento que no solo tiene impacto puertas adentro, sino que es un detonante de una escalada de cambios a la ciudad entera.

—¿Cómo establecer mecanismos de consulta con la gente respecto hacia dónde debe ir la ciudad?

—Si algo está establecido en aquellas ciudades que han logrado un desarrollo sostenible, es la importancia que tiene para el gobierno que la rige planificar. En casi todas las ciudades la buena práctica dice que la mejor manera de predecir el futuro es diseñar, tomar previsiones, ¿cuántos somos hoy, cuántos vamos a ser mañana, qué vamos a hacer para que crezcamos juntos armónicamente? La planificación es un proceso porque la ciudad es un elemento vivo. Un huracán, un temblor o una inundación, puede cambiar la ciudad y su planificación tiene que estar preparada para eso.

En Venezuela y en nuestras ciudades la planificación no ha tenido mucho éxito, porque la planificación no compra votos. La planificación, a veces, te dice cosas que no quieres oír. Si digo que es un mito que en Caracas somos cinco millones de personas, que en realidad somos tres y tenemos una de las densidades, promedio, más bajas de América Latina, el común denominador va a decir “¿estás loca?”. Un grupo dice que aquí no cabe una persona más, otro dice que aquí cabe otra ciudad encima. Lo que nos falta es sincerar quienes somos, cuántos somos, para donde vamos.

—¿Pero eso no lo tenemos sincerado?

—No lo tenemos. El último censo, del 2011, tiene inconsistencias grandísimas. Por ejemplo dice que en Caracas hay 2 millones 900 mil personas, pero el padrón electoral es de 2 millones y medio. Ahí hay una primera inconsistencia: ¿vas a decir que aquí ahora todo el mundo es mayor de 18 años, o vota gente que no vive aquí? Ese mismo censo dice que municipios como Baruta está decreciendo, pero tiene uno de los índices más grandes de permisología de construcciones. La zona de expansión natural de la ciudad es hacia el sureste, hacia El Hatillo y Baruta, que siguen creciendo.

Es muy importante saber, no para dónde quieres sino hacia dónde puedes y conviene crecer. Tienes que crecer hacia donde haya transporte público, agua y electricidad, hacia donde haya territorios estables. No puedes crecer hacia terrenos geológicamente en riesgo, no puedes seguir haciendo viviendas como el caso del morro de Petare, en explanadas inestables, que no son recomendables para el desarrollo urbano.

—Si no tienes esos datos seguro terminas cometiendo muchos errores. Ahora, veo que tienes, como buena planificadora, mucha fe en la planificación.

—Eso es irremediable, nació conmigo.

Culturalmente pareciera que tenemos un hándicap con ese tema, no se nos da mucho la planificación.

—Ese hándicap viene de lejos. Yo me gradué en el 82 y mi primer trabajo fue en la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU). En aquellos tiempos la oficina tenía los mejores profesionales y apoyo político. En la OMPU se resolvía efectivamente qué iba a pasar por Caracas. Había una comisión de urbanismo de Sucre y una de Libertador que decían “vamos a permisar tantas viviendas en tal lugar”, se aprobaba por consenso y la cosa arrancaba. Para mi era un sueño trabajar ahí. En el 83 se entrega el Plan Caracas 2000, casi 20 años de planificación: proponía completar vialidades, se sugería hacia donde crecer y con qué densidad, que se hicieran varias centralidades. En el 2008 empiezo a hacer otro plan, basado en esos datos de la OMPU y en el primer Plan Estratégico, al 2010, de la Fundación Plan Estratégico (2000). Comienzo a hacer el segundo Plan Estratégico, del 2010 al 2020, y si evalúas hoy, 2017, qué se hizo de lo que sabías era imprescindible y urgente para la ciudad, como dirían en un banco, “no llega a dos cifras”. En algunos sectores puedes tener máximo un 10. Hoy por hoy estamos pagando las consecuencias de eso.

La visión de la ciudad, desde el urbanismo, me parece un aporte fundamental para tener clara la “imagen objetivo”. Lo que no se tiene claro es como llegar hasta allá.

—Esa es la diferencia, tú diseñas la imagen final pero también tienes que diseñar el proceso de gestión, y ahí el gran hueco.

¿Porque tenemos ese gran hueco?

—Pongamos que yo voy a construir dos millones de viviendas. El proceso de gestión urbana implica poner en blanco y negro dónde las voy a construir, cuánto me va a costar. Empiezas a ver la cantidad de problemas y las medidas colaterales que tienes que tomar. Si voy a construir viviendas, tengo que saber para qué población son. Si son de interés social entonces tengo que destinar menos en acabado y necesito que el terreno esté servido. Entonces empiezas a depurar aquella imagen objetivo fabulosa, y cuando la aterrizas pones responsables, y ahí está el gran problema. Si yo te pregunto, hoy por hoy, ¿quién es el responsable de Caracas?

¿Me lo estás preguntando a mí?

—Si yo te pregunto a ti se te ponen los pelos de punta de la cantidad de autoridades que de alguna manera tienen injerencia en la ciudad y en la toma de decisiones.

Es así para muchos ámbitos de la ciudad, clarísimo en el caso del transporte público. Muchos de estos planes suelen tener aceptación entre especialistas. Tú vendes el Plan Estratégico y la gente dice que está bien, pero no tiene apoyo ciudadano. La gente parece asumir que está condenada a vivir en una ciudad incapaz de transformarse.

—Llegaste al tema de la gobernabilidad.

—No solo tiene que ver con gobernabilidad, esa atomización de roles y funciones. Me refiero a la participación de la gente. La expresión de los que habitan la ciudad puede ayudar a configurar lo que debe hacerse en ella.

—Siempre necesitas un efecto demostrativo para que la gente empiece a creer. El concurso La Carlota Parque Verde fue una iniciativa perfecta en ese sentido, pues no surge de la Alcaldía Metropolitana, sino de los caraqueños que tienen necesidad de más áreas verdes para su recreación. ¿Por qué no poner todo ese espacio desocupado para mejorar la calidad de vida? Entonces se involucra la Alcaldía, haciendo uso de las competencias de ley, como es planificar, canalizar y sistematizar esa inquietud. Un grupo de vecinos puede decir “yo quiero”, pero hay formas y procedimientos que la administración publica tiene que resguardar.

La Ley Orgánica de Planificación Urbanística la aprueban en el 87 y uno de los mandatos de esa ley es que los 335 municipios del país, en dos años (1989), debían tener su Plan Urbano de Desarrollo Local (PDUL). Y por encima de ese PDUL estarían los Planes de Ordenamiento Urbano (POU), de escala superior que armonizan las propuestas de los municipios vecinos. En Caracas cada uno de los cinco municipios debería tener su PDUL y debería existir un POU de Caracas. Eso jamás existió, nadie fue capaz de hacer aquello.

Cuando entramos en la Alcaldía en el 2008 vemos que es urgente realizarlo. Optamos por un Plan Estratégico Urbano porque la idea era sentar a todo el mundo en una misma mesa a establecer coincidencias. Todo el mundo quiere un mejor transporte público. Todos queremos un mejor sistema de salud, de educación, todos queremos una convivencia en paz y tranquilidad, todos queremos tener vivienda y seguridad. Esa fue la construcción de la visión compartida de la ciudad, una consulta ciudadano por ciudadano, tocando la puerta de cada consejo comunal, de cada parroquia, de cada municipio, de cada plaza.

Tampoco así.

—Se hizo así. La Universidad Simón Bolívar hizo un estudio reuniéndose con los consejos comunales por cada parroquia del municipio, entre 2010 y 2011. La USB diseñó una metodología para que los Consejos Locales de Planificación Pública hablaran por sus conciudadanos. No le íbamos a preguntar a los tres millones, estadísticamente era un promedio sustantivo que te decía que quería la gente. Una de las sorpresas del resultado fue que la gente no pidió más autopistas, ni más centros comerciales, la gente lo que pidió fue el rescate de la convivencia. El 70% de la gente quería vivir en paz y para vivir en paz puedes hacer muchas actuaciones urbanas, actuaciones que generalmente están dedicadas al espacio público.

Entonces el Plan Estratégico decidió abocarse a dar lineamientos para que los municipios, que son los grandes ejecutores de las obras, pudieran actuar, y entonces aquí entra la gobernabilidad, no como ayuda sino como obstáculo. Hay una falsa premisa de que aquí todos somos amigos, que hay cinco alcaldes que tienen que trabajar en coordinación con la Alcaldía Metropolitana, pero tenemos una Ley Orgánica de Poder Público Municipal que le da autonomía a los municipios para regir y direccionar lo que pase en su ámbito, entonces es muy difícil que haya un elemento que no contribuye económicamente al logro de objetivos, pero que exige coordinación. El Hatillo por sí sólito no podría resolver el problema de movilidad de la gente, lo mismo pasa con Chacao, se necesitan actuaciones conjuntas. Para eso es la figura metropolitana, para eso es el Plan Estratégico.

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—Pareciera no tener la potestad de tomar decisiones.

—Tiene la potestad teórica de tomar decisiones.

—Si es teórica no sirve.

—Pero es que aquí todo es teórico, hasta la Constitución de la República es teórica.

—Entre la atribuciones de la Alcaldía Metropolitana está planificar, eso no quiere decir necesariamente que se vaya a ejecutar.

—Cuando se crea el Distrito Metropolitano en el año 2000, la ley reconoce el ámbito y reconoce que es un gobierno a dos niveles, donde el Metropolitano es un gobierno supra local y su función primaria es coordinar todo lo que pasa adentro. Pero entonces ese gobierno metropolitano tenía injerencia en el agua, la electricidad, el Metro de Caracas, en todo. Podías tener el control porque yo podía decirle a El Hatillo “tú no puedes permisar conjuntos residenciales de la densidad de El Encantado porque afecta a la ciudad entera, lo vas a poder hacer el día que certifiques por escrito que tienes la vialidad, el transporte público, el agua y la luz suficiente para que eso no sea un problema más”. En teoría eso hubiera limitado el mal crecimiento de El Hatillo.

—Si restituimos esa competencias teóricamente…

—Teóricamente pudiéramos empezar a poner orden.

—Más allá de esa posibilidad de tener las competencias y ascendencia sobre el nivel local, está la idea de que las alcaldías y los municipios se manejan como feudos.

—Literalmente es la fragmentación del espacio y además es una fragmentación mental, virtual. Los límites político administrativos de Venezuela tienen un solo fin: electoral, pero ninguno está conceptualizado para hacerle un favor a la ciudad, no son funcionalmente razonables. Hay una tendencia mundial, que es el reconocimiento de la conurbación, el reconocimiento de que los límites político administrativos son un obstáculo para el desarrollo armónico y por eso cada vez más se han reconocido las áreas metropolitanas como una instancia de gobierno que debe tener más fuerza, porque es esa autoridad quien pone de acuerdo a la cantidad de feudos y toma medidas que produce mejores resultados.

—Tienes la experiencia de discutir sobre estos temas en foros mundiales, donde las ciudades tienen un peso cada vez mayor. Tiene que haber, de alguna manera, una vinculación armónica entre el poder central del país con los gobiernos de las ciudades. ¿Hasta dónde debe llegar esa relación?

—Estamos viviendo algo perverso, y es que desde el gobierno central se crea una estructura paralela a los gobiernos municipales, y ya sabemos quién tiene el brazo financiero.

—El Ministerio de Transporte Terrestre y Obras Públicas determina más a Caracas, destruyendo posibilidades que se planteaban las propias alcaldías, aunque a veces sospecho que a algunas no les parece tan grave que llenen sus municipios de puentecitos para los carros.

—Aquí el que piensa distinto va preso. De alguna manera, hay un perfil bajo, no por desidia, ni por ignorancia, no por no querer actuar, de aquellos alcaldes que quieren permanecer en sus cargos, que quieren cumplir con su deber. Pero no hay ninguna interrelación entre el Ejecutivo Nacional y los poderes locales.

—¿Cumplir ese deber es como cumplir el papel de conserje del feudo?

—Más o menos. Cuando en el mundo entero se trata de fortalecer el gobierno local, darle más competencias, más recursos, más solidez, aquí se está haciendo exactamente lo contrario, cada vez centralizamos más. Por eso el irrespeto hacia las alcaldías de la administración central, sea el Ministerio del Transporte, de Ambiente o de Vivienda. Aquí lo que debería fomentarse es la corresponsabilidad, si unimos intereses y voluntades, si conciliamos objetivos, el producto va a ser mejor.

En nuestra hermana Colombia, el alcalde de Bogotá, la capital, nunca ha sido del mismo partido político del presidente de la República, y sin embargo una vez que llegan a sus cargos, los señores se quitan de encima el color partidista y trabajan en un mismo objetivo. Si el alcalde de Bogotá requiere financiamiento para la construcción del metro es el Ejecutivo Nacional quien hace lo posible por apoyar. Sea del color que sea, tu obligación es apoyar a ese señor porque fue elegido por los ciudadanos para regir el destino de la ciudad.

—No solo el Estado y sus instituciones operan en la ciudad, hay otras fuerzas determinantes, como el capital inmobiliario.

—Venezuela es el único país donde todo el financiamiento de las ciudades proviene del Estado paternalista, de la renta petrolera. Bogotá en los 80 no pudo hacer el metro, porque no tenía el dinero que teníamos nosotros. Y decidieron arroparse hasta donde alcanzara la cobija, por eso hicieron el Transmilenio. ¿Que necesitamos para que exista corresponsabilidad, para que haya alianzas público-privadas en provecho de la ciudad? Lo primero es que las empresas se sientan seguras, que tengan un marco legal no tan cambiante, donde efectivamente la empresa apueste por invertir pero tenga la capacidad de recuperar la inversión. Una ciudad que se vaya transformando de parte de fuerzas que no son exclusivamente publicas, sino que provienen de los motores de la economía, que nos van a permitir tener más comercios, más empleos. Y si hay más empleo la gente tiene más poder adquisitivo, y si hay más poder adquisitivo la gente va a poder comprar la vivienda donde la necesita y no donde el Estado quiere. Nosotros no hemos entrado a ese círculo virtuoso.

—Vayamos hacia atrás en la conversa: en el caso de Las Mercedes vemos la fuerza de un capital que determina un tipo de ciudad que no es para la gente, donde se comen las parcelas hasta el borde de la acera, es solo una forma de rentabilizar ese capital.

—Ha podido ser las dos cosas a la vez, en simultáneo. No se tomó la previsión de que se le diera a la ciudad, a cambio de altura, un nuevo parque, más aceras.

—Por ahora no hay nada a cambio.

—En este instante lo desconozco. Habría que estudiar la nueva ordenanza de zonificación de Las Mercedes para ver hasta donde llega. Las Mercedes tiene algo así como un consorcio donde está la Alcaldía, la comunidad residencial y la comunidad comercial, como representante, y está la inversión privada. Estos tres grupos toman las decisiones. La primera ordenanza de Las Mercedes comienza a instaurar la recuperación de plusvalía, que es la garantía de que al municipio le va a entrar un contingente de dinero por las mejoras que hizo en el parcelario privado. Con ese dinero la Alcaldía puede mejorar la inversión en los espacios públicos, de hecho así nace la Plaza Alfredo Sadel, así se hicieron los drenajes de Las Mercedes.

—Así se proyectó el bulevar peatonal para la Río de Janeiro.

—Que los amigos del Ministerio de Transporte decidieron hacer trizas.

—Pero de parte de la Alcaldía no parece haberse hecho nada al respecto.

—Acuérdate que el concurso se hizo sin los tres puentes de hierro, se hizo un diseño y eso habría que adecuarlo, aunque habría que pelear para que los quiten ya que los desmantelaron. Vamos a verlo en positivo: Las Mercedes es una demostración de que efectivamente el municipio tiene el sartén agarrado por el mango, porque tiene la potestad por ley de asignar el uso del suelo y su intensidad de desarrollo. Pudiera utilizar de una manera inteligente la gestión urbana, pero no hay municipio que haya dedicado el suficiente esmero, tiempo y detalle para sacarle provecho al uso de la tierra.

—La “sartén por el mango” suele ser autoridades, no solo en Baruta, que gestionan lo público desconectados de la gente. Como pasó en la avenida Miguel Ángel, donde la consulta sobre el diseño fue mínima. Sabemos cómo suele funcionar eso: buscan su estructura de soporte para al final validar los proyectos.

—Sí, para darle viabilidad, porque poner a todo el mudo de acuerdo es un problemón.

—La participación es complicada de gestionar, pero es fundamental.

—Cuando doy clases en la Facultad siempre le pregunto a mis estudiantes, ¿qué diferencia hay cuando haces arquitectura o cuando haces urbanismo? Cuando yo hago arquitectura generalmente diseño un inmueble, con un cliente que me contrata, entonces yo anoto sus exigencias, las fachadas así, las ventanas allá. ¿Qué pasa cuando haces urbanismo? Tu cliente es la ciudad. Yo pudiera tener, en el caso de Caracas, tres millones de personas con las cuales conciliar requerimientos. En el caso de la Miguel Ángel pongamos que sean cuatro mil personas, entonces pasamos a la necesidad de hacer promedios y efectivamente tengo que consultar. ¿Quieres ampliar la calle o quieres dejarla así? ¿Cómo te imaginas la calle? ¿La quieres para caminar, para montar bicicleta, para poner mesitas con café? El diseño urbano es como una microcirugía, porque tiene que ajustarse a los detalles de la cuadra, la escala del comercio, las necesidades del peatón.

¿Qué se hizo en Chacao cuando se modificaron la avenida Francisco de Miranda y la calle Élice?, se usó una alianza público-privada muy interesante. Estas alianzas ofrecen prerrogativas que no tenemos si queremos hacer todo solos. La manera de gestión público-privada es un instrumento no muy utilizado pero vista la situación vamos a tener que acostumbrarnos a usarla porque aquí tenemos que poner el hombro para que las cosas se den.

—La AMC lidia con la merma de sus competencias, pero también con sus propias limitaciones. El IMUTC es un fragmento de la Alcaldía, tú llevas allí más de 8 años y la conoces bien por dentro. ¿Qué autocrítica haces?

—Las alcaldías tradicionales que habíamos tenido en Venezuela, hasta que se les ocurre establecer el Distrito Metropolitano y la Alcaldía Metropolitana, tenían competencias tradicionales. ¿Qué es lo que hace un alcalde normalito? Le encanta pasear por su municipio, tapar huecos, pintar brocales de amarillo, acomodar aceras, sembrar matas, inaugurar canchas deportivas y ambulatorios de salud. Esas son cosas básicas que hace una alcaldía. La Metropolitana tenía que asumir de facto la responsabilidad de una escala metropolitana, ocuparse de problemas estructurantes de la ciudad. Por su escala no le toca inaugurar el preescolar, sino generar quizás una universidad. Mi escala no es la de una parada, sino la de un sistema metropolitano de transporte público. No es una jardinera, sino un sistema metropolitano de espacios públicos interconectados, con La Carlota como pieza central.

Eso, políticamente hablando, te aleja de la gente porque tu contacto no es el ciudadano común sino las instituciones. Dentro de la Alcaldía el Plan Estratégico se hizo como instrumento guía de la Alcaldía, no del Instituto. Es un instrumento de gestión, con las líneas ambientales que la gerencia de ambiente ha debido implementar y están las líneas de Caracas productiva y emprendedora que la gerencia social deberían promover.

—¿Se ha promovido en las distintas instancias dentro de la Alcaldía?

—Honestamente no se han emprendido a la escala debida. Se han hecho actividades puntuales porque el tema presupuestario nunca nos ha ayudado a implementar la escala.

—¿Es solo un problema presupuestario?

—No, está unido a un problema estructural. Recuerda que heredamos una Alcaldía con una configuración establecida. Heredamos una estructura que no pudimos modificar sustantivamente por restricciones laborales. Hay una cantidad de personas que las tenemos obligadas porque el Estado no nos permitió salir de ellas, culminar sus contratos en la fecha debida porque no tenían responsabilidades dentro de la estructura, y que se le sigue pagando. Eso incide duramente en el presupuesto metropolitano. La Alcaldía necesita una reestructuración para hacerla más eficiente, pero no solo interna: es urgente que se restituyan las competencias que requiere un ente metropolitano para poder tener una gestión efectiva.

—En sí misma, la transformación interna pareciera un proyecto que puede consumir toda una gestión. Con tantas restricciones parece que el juego estuviese trancado.

—No está trancado. Vivimos en un país donde no hay institucionalidad, no hay un régimen jurídico que te asegure o que te ayude a estabilizarte, pero sí tiene que haber un reconocimiento por las funciones que te otorga el cargo para el cual fuiste elegido. Yo no soy un personal elegido sino un técnico responsable de un área, yo creo que aquí hay mucho de voluntad política. Yo tenía un profesor, Juan Garrido, en la Universidad Metropolitana, que siempre decía: “la gestión de la ciudad es técnicamente difícil y políticamente compleja, pero una alcaldía que se llame eficiente no debería erogar un centavo público para la gestión de la ciudad”. Si mi excusa siempre es que no tengo presupuesto, este profesor me está diciendo que algo no funciona. Hay un millón de cosas que puedes hacer con la colaboración de vecinos, comerciantes, inversores privados, multilaterales. No es lo mismo diseñar un plan donde yo levanto la mano y digo “construyan”. Lo primero que hay que hacer es adecuar tu manera de pensar y diseñar.

—¿Cuántos años tiene el proyecto del Centro Simón Díaz?

—Desde 2009, eso tiene etapas. Acuérdate que se tuvo que acomodar la casa per sé, y el concurso fue en 2012. La obra se está construyendo y ahí vamos a lo mismo.

—Depende de los recursos públicos, de lo que le dan o no le dan a la Alcaldía.

—Pero también es un tema de prioridades.

—Se nota que el Centro Simón Díaz no era una prioridad. Si se hubiese pensado desde otro tipo de colaboración, inclusive con la propia comunidad.

—No solo con la comunidad, yo hubiera hecho aquí un gran consorcio o una asociación civil, una plataforma conjunta, donde la Alcaldía Metropolitana estuviera con la Alcaldía de Sucre, porque está en su municipio, con las empresas del entorno, la Universidad Santa María, que está al lado. El Centro Simón Díaz ha debido ser para el provecho de todos estos actores que estoy mencionando. La comunidad es la directa, pero la comunidad no tiene músculo financiero de inversión, aunque la comunidad perfectamente hubiera podido lograr que se aprobaran créditos adicionales del Fondo Interterritorial.

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—Me estás hablando de una cosa que se pudo hacer pero que no se ha hecho.

—Que se debe hacer porque esto está todavía en proceso, pero que necesita un clima político que ayude a promover este tipo de cosas.

—Este clima podría ser propicio, mucha gente está harta de la gran confrontación. Si es para el bienestar de la comunidad la gente se conecta.

—Te voy a echar un cuento absurdo del Centro Simón Díaz. Allí hay un proyecto de restaurant escuela, que se somete a la consideración del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI), los proyectos que están ahí deben estar aprobados por los consejos comunales y el Consejo Metropolitano de Planificación de Políticas Públicas. Ya tenemos casi un año con las cocinas, las neveras, el horno, los mesones, todo envuelto en papel con una calcomanía bella que dice FCI, pero no he logrado que me aprueben el dinero para la instalación.

—Me estás hablando de recursos centralizados, no de la capacidad de articular, que es a lo que apelaba el profesor que mencionaste.

—No, estoy hablando de lo absurdo que es. La compañía de gas, siendo una institución a favor de la comunidad, no tiene una medida de colaboración, tomando en cuenta que se trata de una institución pública, por la labor social. El gas funciona igual que la electricidad, con contratistas a los que terminas pagándole: hace el proyecto, diseña y ejecuta a la obra. Dices que es el momento propicio para que la gente despierte, pero también es el momento de muchas necesidades. Ahorita está todo el mundo juntando dos medios para conseguir un real, y yo encima te voy a pedir para que me ayudes un poquito. Pero, efectivamente, es un modelo que hay que diseñar y hay que comenzar a implementar porque sino no va a salir.

—Tú formas urbanistas para actuar en esta realidad compleja, a los que les toca actuar contra corriente. Su rol profesional no parece suficiente, sobre todo si se terminan engavetando los proyectos.

—Llevo tiempo colaborando con distintas toldas políticas en la formación de este nuevo liderazgo. Tú tienes que darles las herramientas a este grupo de profesionales y líderes que son los que van a llevar las riendas del país. Los que quieren ser concejales, diputados, alcaldes tienen que tener insumos y parte de las cosas que hacemos es montar cursos completos. Aquellos cursos de urbanismo que hacíamos para vecinos los hemos estado haciendo con estudiantes de maestría de Ciencias Políticas, con estudiantes de Sociología, con militantes de x, y ó z.

—Que se concreten ideas maravillosas quizás dependen más de la astucia política, de cómo conectarte con esta realidad.

—La validación, desde afuera, señala que vamos por buen camino. Después de ocho años y tantos golpes, después de haber apostado por tantos proyectos y que ninguno, efectivamente, haya sido exitoso en términos de ejecución, tú ves la respuesta internacional. El año pasado fuimos finalistas en el reto que hace Bloomberg Philanthropy a escala latinoamericana, compitieron 290 ciudades y Caracas quedó entre las 20 finalistas. No ganamos por un tema de inestabilidad política, porque nadie va invertir un millón y medio de dólares en un país que no sabe para donde va, eso llevó a que Bloomberg abriera un segundo programa para nosotros. Ese mismo proyecto acaba de ser seleccionado por el Banco Interamericano de Desarrollo como una buena práctica. Estamos entre los tres finalistas y en una semana escogen el ganador de movilidad sostenible. Es el mismo proyecto que parte del Centro Simón Díaz, como contribución a personas con movilidad reducida, justamente basado en ese modelo de cooperación pública.

Sí es posible hacer las cosas, lo que pasa es que, tu lo dijiste, ahora estamos luchando contra corriente. Tienes que contar con respaldo político, que es lo que pone la guinda a la torta. Creo que las cabezas políticas están pendientes ahora de otras esferas, en las que todos participamos, pero donde no tenemos injerencia directa. Si no hay democracia, no hay desarrollo, como no hay ciudad sin alcalde. Hay que construir primero ciudadanía y después ciudad. Si yo no tengo ciudadanía, ninguna de las cosas de las que hemos hablado es posible.

—¿Y la ciudadanía y la ciudad no son un proceso de construcción simultáneo?

—No necesariamente, hay muchas ciudades que han comenzado por la construcción de ciudadanía y eso repercute como consecuencia en el producto.

—Probablemente ciudades que tienen otro marco.

—Un ejemplo que me marcó en el Congreso de Metrópolis fue la alcaldesa de Kosovo. Aquí todos decimos que Caracas está destruida, pero está enterita en comparación. Ella literalmente se enfrentó a una ciudad en ruinas, aquello sí era un proceso de reconstrucción y cuando le preguntaron por donde se empieza, dijo “por fortalecer a los ciudadanos, que son los que me van ayudar a reconstruir la ciudad”. ¿Cuál fue la primera actividad que organizó? Un maratón, ella me dijo que lo único que no se llevó la guerra fueron las calles y la gente. Su proyecto es de concientización ciudadana, de reafirmación cultural y sobre todo de creación de identidad, decirle al ciudadano “esta es tu ciudad”, eso vale oro. Sin esa conciencia es imposible que aquí se haga cualquier cosa.

—¿Nosotros estamos trabajando en eso?

—¿Quiénes son nosotros?

—Hablo de un nosotros plural, incluyendo la institución que representas. ¿Estamos trabajando en función de eso, en serio?  

—Yo creo que si estuviéramos trabajando en eso, en serio, hasta los pénsums académicos deberían haberse modificado.

—O sea, no lo estamos haciendo.

—No, porque estamos hablando de crear conciencia en lo profundo. Hay experiencias, por ejemplo la del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá donde existe el POT de plastilina. A los niñitos de preescolar les enseñan a planificar, a moldear en plastilina la ciudad que ellos quieren, el parque que ellos quieren, la escuela que ellos quieren. Así el individuo nace consciente de que tienes que llegar a algo, de que tienes esa imagen objetivo, que es plausible conseguirla, pero que para conseguirla tengo que poner mi granito de arena.

—A eso me refiero.

—Tengo una experiencia de estos días en la urbanización donde vivo, allí las protestas nos dieron la oportunidad de encontrarnos en la avenida principal, mirar a la gente y decir, “¿tú vives aquí?”. Entonces empezamos a ver cuántas cosas podíamos hacer sin depender de la alcaldía. El parque infantil está horrible porque la alcaldía no tiene plata. ¿Por qué esperar a la alcaldía, acaso los usuarios de ese parque no somos nosotros, nuestros hijos? Vamos a hacer una gran vaca y lo mínimo lo logras: cambias luminarias para que esté iluminado, pintas el banquito de un color más bonito para que te provoque sentarte. Esa construcción de ciudadanía hace que sientas que tú eres igual de responsable, que no tienes que esperar a la alcaldía para que sucedan las cosas. Aquí gran cantidad de gente es quejona, pero muy poca gente llega con propuestas. Creo que tenemos que aprender a construir entre todos.

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