Clausurando el futuro

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Publicado por: Tal Cual

Las causas del desastre se conocen, fueron advertidas con suficiente antelación y se plantearon soluciones. Sólo la irresponsabilidad gubernamental y su menosprecio hacia la ciudadanía explican por qué se ha llegado al virtual colapso de hoy

En esta columna y otros espacios hemos sostenido la tesis de que en Venezuela está en gestación una mega región que va desde Guarenas-Guatire hasta Puerto Cabello. Ella engloba 3 de las 5 mayores áreas metropolitanas del país, el principal aeropuerto y los dos puertos más importantes, varias de las mejores universidades, las sedes de las empresas más poderosas y las instituciones del gobierno nacional. Su población actual en torno a los 8 millones de habitantes, en el rango de Lima o Bogotá, no es desmesurada y la distancia entre sus extremos es de 240 kms., teóricamente recorribles por vía terrestre en 3 horas.

Se trata de un desafío y una oportunidad. Si se la asume con mente abierta, apoyados en una avanzada visión de la planificación estratégica, puede ser un potentísimo motor para un nuevo modelo de desarrollo del país, que supere la secular dependencia de la renta petrolera, se fundamente en los poderes del talento y la creatividad de los ciudadanos y desarrolle una más inclusiva y abierta institucionalidad democrática. Pero si se la ignora y se la deja librada a una lógica espontaneista, donde predomine la racionalidad individual del sálvese quien pueda como ocurre ahora, se ingresará en un callejón de difícil salida.

Quien lea el reciente reportaje del portal Armando.Info sobre los estragos que está causando el lago de Valencia, que debía ser un recurso ambiental y económico extraordinario, sobre las áreas metropolitanas de Maracay y Valencia tendrá que concluir que la opción más probable es la segunda, que, como dice el reportaje, las está convirtiendo en un pozo séptico gigante.

Las causas del desastre se conocen, fueron advertidas con suficiente antelación y se plantearon soluciones. Sólo la irresponsabilidad gubernamental y su menosprecio hacia la ciudadanía explican por qué se ha llegado al virtual colapso de hoy. Pero, como apunta Armando.Info, la mayor paradoja es que causarlo ha costado 350 millones de dólares.

El panorama no es distinto en otros campos de nuestra realidad: en estos días en los cuales se han cumplido 50 años del último terremoto de Caracas y que un país cercano como México ha sufrido dos sismos de gran magnitud lo menos que se debería esperar de nuestras autoridades era un examen de conciencia sobre lo no hecho en esta materia: ha habido suficiente información de los expertos en relación a la periodicidad de los sismos caraqueños, al incremento de la vulnerabilidad de la ciudad, sobre todo de los barrios informales, respecto a 1967 y de las dudas que existen en torno a muchos de los edificios de la Misión Vivienda, reforzadas por el ocultamiento de información verificable.

Lamentablemente la reacción de la Presidenta de Funvisis, la institución oficial responsable de la investigación, educación y prevención en materia sismológica, ha sido salir en defensa de las edificaciones de la Misión Vivienda pero no con datos verificables, sino con un argumento demagógico y falaz: el deber de confiar en la ética de los profesionales venezolanos que los proyectaron, cuando se sabe que esos desarrollos han estado en manos de empresas extranjeras (turcas, chinas, bielorrusas, etc.) con escasos vínculos incluso culturales con Venezuela y que han recurrido con frecuencia a los llamados firmaplanos. Además, debería saber que el colapso de los edificios del Morro de Petare sin que hubiera siquiera un mínimo temblor ocurrió por haberlos construido, pese a las repetidas advertencias, en terrenos no aptos, dejando muy mal parados la ética y el profesionalismo de autoridades y proyectistas.

La ceguera ideológica, y peor cuando se acompaña de ignorancia, conduce siempre a la clausura del futuro.

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